sábado, 28 de marzo de 2009

Bajo la lluvia

Estábamos cerca, muy cerca, mirándonos con una pasión llena de timidez. Cómo me gustan tus ojos. Te inclinas y me besas tiernamente, de pronto abres tus labios e intentas meter tu lengua dentro de mis labios, yo me sobresalto pero me dices que está bien, que probemos otra vez. Tu llevas tiempo deseándome pero nunca habíamos podido estar a solas. Me preguntas por qué no me tiendo y me relajo, lo hago y te acuestas a mi lado esperando un poco a que se me pase el nerviosismo. Me vuelves a besar, explorando suavemente mis labios y luego sigues la línea de mi quijada, encuentras mi oreja y me respiras tu aliento en ella, me mordisqueas el lóbulo y me cubres el cuello de besos y caricias con la lengua, me vuelves a besar. Yo callo y te dejo hacer, mi respiración empieza a cambiar y tú lo notas.Me preguntas si no tengo frío (estamos empapados de lluvia) y te digo que sí, un poco. Me preguntas por qué no me quito la blusa y te respondo que no es necesario, no es tanto. Te pregunto por qué y me dices que lo deseas. Me besas el cuello y ya no digo nada, vas bajando hasta quitarme la camiseta, que está empapada, y como no traigo sostén se revelan perfectamente mis pechos, bastante grandes, porque después de esos besos escalofriantes tengo los pezones duros y erectos a más no poder. Acaricias mi costado sintiendo la plenitud de mi seno, la depresión de mi cintura, la suave curva de mi cadera. Me estremezco bajo tu contacto; acaricias los rizos de mi pubis y subes por mi vientre hasta llegar a la hinchazón turgente de mi seno. Me besas los senos con ternura pero eso produce ataques eléctricos en mi piel. Me preguntas "¿Quieres que te de placer, Esmeralda?". Yo cierro los ojos y te digo que sí con la cabeza. Me besas el cuello y vas bajando poco a poco con un movimiento circular de tu lengua en mi seno hasta lograr que mis pezones palpiten de ansias de tí. Al principio mamas suavemente pero despues aumentas la succión y yo gimo con emoción. Con tu otra mano bajas hasta la parte interior de mi muslo, abro mis piernas y tu mano empieza a acariciarme; de repente sientes una humedad caliente que te indica que estoy lista para recibirte. De mis senos bajas hacia mi pubis, cuando tu lengua alcanza la parte superior de mi hendidura brinco, dando un grito, recayendo de espaldas y gimiendo con gran placer. Tu virilidad palpita anhelante, impaciente, mientra cambias de posición para deslizarte entre mis piernas. Entonces abres mis repliegues y saboreas lenta y deliciosamente. Tú no podías oír los ruidos que yo hago mientras me sumerjo en ese estallido de sensaciones exquisitas que me recorren mientras tu lengua me explora en cada repliegue y cada borde. De repente me retuerzo, sollozando de éxtasis; con dos dedos penetras mi húmeda cavidad y aplicas presión en ella.Te grito que te necesito, que te necesito con urgencia, y tratas de penetrar suavemente en mí, pero es tal mi éxtasis que con mis piernas te jalo hacia dentro de mí, acariciando tus nalgas y sintiendo tu piel. Mis profundidades húmedas y cálidas te reciben completo, te abrasan y te envuelven con desenvoltura. Te retiras un poco y me vuelves a penetrar. Mientras que mi paso te acaricia cual largo eres, gritas mi nombre soltándote y dándome todo de ti, hasta que me llenas de tí y entonces tus gritos más profundos surgen en armonía con mis sollozos mientras oleadas de placer inefable nos envuelven y con un alivio exquisito caes sobre mí.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Con 14 años ( y con Pamela)

Estaba yo cursando el segundo año de secundaria y tenía 14 años cuando tuve mi primer experiencia sexual. Ese día, en el colegio, nos habían castigado a mí y a una amiga llamada Pamela. Nos pusimos de acuerdo y en lugar de ir a la dirección indicada fuimos a escondernos a la biblioteca del colegio, que en ese tiempo estaba en remodelación y por lo tanto cerrada a los estudiantes. Pamela y yo estuvimos una media hora platicando sobre lo que nos iban a hacer cuando se dieran cuenta de lo que habíamos hecho.
Como la biblioteca es de dos pisos, Pamela quiso subir al segundo, pero un escalón estaba flojo y cuando ella pisó se quebró por completo, cayendo ella por todos los escalones. Yo, temeroso de que se hubiera fracturado algo, me acerqué a auxiliarla. En la caída la falda del colegio se había desgarrado, quedando ella en mallas, que eran muy comunes en las chicas, sobre todo en las mayores. Yo, sin darle importancia a su vestimenta, me acerqué y me arrodillé ante ella; puse su cabeza en mi rodilla y le empecé a hablar, sin obtener respuesta. La levanté y la acosté sobre una mesa para que descansara. Pasaron quince minutos después del accidente hasta que empezó a reaccionar.
Cuando se puso de pie, fue cuando pude ver su escultural cuerpo con mayor precisión. Ella siempre fue muy linda y simpática conmigo, pero francamente nunca me había dado cuenta de esas tetitas que en realidad parecían melones, de ese culito tan amplio que haría feliz a cualquiera y que a pesar de sus 14 años ya estaba demasiado desarrollado. Cuando se acercó hacia mí, me dio un beso en la mejilla y me dijo que estaba muy agradecida por haberla socorrido en ese momento. Le dije que no importaba y que mejor pensara en la manera de salir de ese problema. Ella me dijo que no me preocupara y se sentó a junto a mí tomando mi mano, lo que me desconcertó un poco.
Seguimos charlando hasta el punto en que, no sé cómo, hablamos de sexo. Ella me preguntaba si yo había tenido algún acercamiento sexual, a lo que dije que no, y a la vez le pregunté lo mismo. Ella se quedó seria mirando hacia el techo; yo le repetí la pregunta, pero esta vez ella se acercó susurrando a mi oído que no, pero que le gustaría empezar cuanto antes. Este comentario fue la gota que derramó el vaso. Mi polla llegó al punto más alto, tanto que creí que iba a reventar mi pantalón. Ella se paró y, dando unos pasos adelante, dio media vuelta y se tomó la cintura. Empezó a contonearse y a bailar sensualmente. Yo ya estaba a reventar y eso que faltaba lo mejor. Ella empezó a quitarse la blusa, quedando sólo con un top y las mallas. Yo ya no podía más por lo que, de un jalón, me arranqué la camisa y el cinturón. Pamela se acercó a mí dándome un beso francés que desencadenó todo. Yo, de un tirón, le quité el top y le bajé las mallas sin cuidado por la calentura, quedando ella en brassier y con unas braguitas que realmente fascinaban.
Yo, para ese entonces, estaba casi totamente desnudo. Le empecé a acariciar sus tetas hasta que, sin querer, le reventé el cierre. Sus tetas cayeron como dos gotas de agua en mis manos; era imposible no tocar esas preciosidades. Bajé poco a poco hasta llegar a su coñito, que para ese momento ya estaba húmedo. Me pidió que lo besara con las bragas puestas pero yo no esperé más y se las arranqué con una fuerza descomunal. Empecé a besarle su conchita y a meterle la lengua y a sentir sus líquidos. En ese momento nos tiramos al suelo e hicimos un 69 excepcional. Yo, al igual que ella, era inexperto y no aguanté correrme en su boca. Yo pensé que eso le daría asco, pero cual fue mi sorpresa cuando empezó a tomar toda mi leche y mamarme con más fuerza. Ella también se corrió en mi cara y también empecé a tomarme todos sus líquidos.
Un rato después, se sentó y abrió las piernas diciéndome que la follara, que no podía esperar más. En ese momento reaccioné un poco y le pregunté si estaba segura, porque iba a perder la virginidad. Ella dijo que eso era lo mejor que le podía ocurrir: "A poco no te gustaría ser el primero en mi vida". Eso me calentó con más ganas y me abalancé sobre ella con más fuerza de lo normal. Sin esperar, le metí mi polla tanto como pude. Ella soltó un grito ensordecedor de placer que hacía que me calentara más, y poco antes de correrme me salí, corriéndome en sus tetas y su cara.
Yo la seguía besando. Cuando pasó un tiempo mi polla, que se había vuelto fláccida, volvió a la normalidad, y volvimos a lo anterior. Esta vez fue todavía más placentero pues ella seguía contoneándose y gimiendo con tal fuerza que retumbaba en las paredes del edificio. Esta vez no aguanté y me corrí dentro. Ella se asustó un poco pero ganó lo caliente del momento, lo olvidó y seguimos ahí, pegados unos 15 minutos. Inventábamos posiciones y eso nos tenía más entretenidos.
Cuando mi polla empezó a bajar de tamaño, la saqué y me puse a descansar en el piso; así estuve como unos 5 minutos cuando ella se paró, empezó a bailar y luego se dejó caer en el suelo. Pero esta vez en lugar de abrir las piernas, se empinó y me dijo: "mira mi culito, ¿a poco no te gustaría picarlo unas cuantas veces?". Ese comentario reanimó mi polla y en menos de 5 segundos ya estaba otra vez parada. Nunca en mi vida había sentido algo parecido. Como dije, yo era inexperto, por lo cual le metí la polla de una vez, y ella soltó el grito más fuerte que he escuchado en mi vida. Lloró y me insultó tanto que yo creí que estaba a punto de terminar el sueño, pero en eso dijo: "no te preocupes, sólo ten cuidado la próxima vez". Yo lo hice otra vez pero con mucho cuidado, metiéndola cada vez un poco más hasta el punto en que yo tenía todo dentro de ella. Yo creí que eso le molestaba pero ella, entre gemidos y gritos, decía: "sigue..., ahhhh si..., qué rico..., ahhhh...". Yo estaba en otro mundo.
Así estuvimos nada menos que 45 minutos y realmente fueron los mejores momentos de mi vida. Cuando ya no podíamos más nos pusimos a acariciarnos, besaba sus tetas, las llenaba de leche; mientras tanto ella me mamaba y se tomaba todo lo que yo sacaba.
Al final nos empezábamos a limpiar cuando ella se dio cuenta de que su ropa estaba totalmente desgarrada y que no iba a poder salir así de allí; así que pasaríamos toda la noche en aquel lugar. Yo salí, llamé a nuestras casas para decir que íbamos a quedarnos a dormir con un amigo y lo mejor es que se creyeron todo. Esa noche fue también inolvidable, pero esa es otra historia que ya les contaré.

domingo, 15 de marzo de 2009

Pizzero feliz (casada aburrida)


Estaba sola en mi casa un sábado por la noche porque a mi marido le tocaba trabajar y yo tenía unas ganas de marcha enormes. Tenía ganas de follar pero no sabía con quién hacerlo, hasta que aquel folleto de "pizzas" a domicilio encima de la mesa me dio una idea. Allí podía estar mi consuelo.
Así que, sin pensármelo dos veces, llamé y pedí una pizza. Tenía el tiempo justo para ducharme, ponerme un conjunto de sujetador que realzaba mis tetas y un tanga que hacía que mi culo fuera muy apetecible. Encima me puse una bata de raso muy suave que hacía que se notaran mis pezones ya erectos por la emoción.
No tardó en llegar. Estaba nerviosa y con unas ganas locas de follar. Cuando ya le tenía en la puerta, le cojí la pizza, pero, ayyy, me di cuenta "ingenuamente" de que no tenía dinero. Puse cara de susto y se lo comenté. Él me dijo que no me preocupara, que ya pasaría otro día a cobrar. Pero mientras él me hablaba yo me pasaba suavemente mi mano por una de mis tetas, haciéndole ver que mis pezones deseaban ardientemente su lengua. Le dije: "¿Estás seguro que no quieres cobrarte ahora?", y entonces abrí el camisón y le dejé ver mis pechos ansiosos de ser tocados y chupados.
El chico, quizás porque era más joven que yo, se cortó un poco. Era tímido pero, al ver que sus ojos no se apartaban de mis tetas, le cogí por una mano y le dije: "Ven".
Fuimos al comedor, donde tengo un sofá rinconera enorme. Allí, de un empujón, hice que se sentara y me senté encima suyo. Empecé a besarle. Él, al principio, actuaba como si no se lo creyera, pero al final sus manos volaban por mi cuerpo. Nuestras lenguas se volvieron locas, jugaban juntas con desesperación. Yo ya notaba su pene erecto y eso hacía que me excitara aún más.
Le pregunté cómo se llamaba y me dijo que Fali. Me parecía un nombre de lo más sensual. "Yo Denise", le susurré al oído. Estaba muy excitado y yo también. Pensaba en su pene y en lo erecto que estaba, así que me salí de encima suyo y me arrodillé ante él. Le bajé la cremallera y cogí su sexo, grande, enorme... ¡Cómo iba a disfrutar! No me lo pensé y lo empecé a chupar. Sorbía su glande de forma que le hacía estremecer. Luego me la metí de golpe en la boca, hasta el fondo. La notaba en mi garganta, cómo entraba y salía. Él me cogió la cabeza y la hundía en su sexo, desesperado, pidiéndome que no parara, pero le dije que ahora le tocaba a él.
Me tumbé en el sofá y me abrí de piernas, ofreciéndole mi coño húmedo, suave y apetecible. Al verlo, vi su cara de lujuria, de satisfacción, y, sin pensárselo,me empezó a chupar. Su lengua jugaba con mi clítoris de una forma salvaje, y al mismo tiempo me metía dos dedos en el coño. Gozaba como una loca. Luego era su lengua lo que me metía dentro, follándome sin parar. Estaba tan húmeda y tan cachonda que quería sin más que me metiera su polla de una vez.
Le dije que se sentara, que lo iba a penetrar. Lo tenía a punto. Él estaba muy cachondo y me ponía caliente ver su cara de excitación. Una vez sentado, me puse encima y me senté, primero notando la punta de su sexo un par de veces, como queriendo entrar, jugando, con un poco de resistencia, pero a la tercera la metí de golpe. Su cara era un poema. Creo que jamás le habían hecho gozar así. Me cogió las tetas y, mientras le montaba, apretaba mis pezones, grandes y oscuros. Yo le pedía más y entonces los metió en su boca y empezó a mordisquearlos. Yo seguía subiendo y bajando, follándole como jamás se lo habian hecho, y él no paraba de decir que quería correrse. Antes de darle ese placer, sin sacar la polla de mi coño, me giré, le di la espalda y seguí follándole sin parar, pero esta vez él podia ver cómo su sexo se hundía en mí y eso le excitaba una pasada. Así que me cogió por la cintura y aceleró los movimientos a su antojo, hasta que cada vez el ritmo iba más deprisa. Yo gozaba como una loca. Quería correrme y él también, así que le pedí su leche, que me mojara, que me inundara, y él no se hizo de rogar. Estalló su orgasmo y su semen me inundó por completo. Yo gemía de placer, me retorcía de gusto, chillaba como una posesa: "Siiiii,asiiii,mássssssss,dame mássssssssss". Las convulsiones provocadas por el orgasmo eran de lo más bestias y yo, satisfecha, llena de su leche, pensé que había sido el sábado más maravilloso de mi vida.
La pena fue que, al final, mi chico de la pizza, mi Fali, tenía que volver al trabajo, pero eso sí, me dijo: "La pizza está pagada, y si algún dia pides otra no dudes que vendré yo a traértela". Se fue y yo me quedé en el sofá, extasiada y pensando que el domingo sería otro día maravilloso para comer "pizza".

miércoles, 11 de marzo de 2009

Amor rural (Monica)

Esta historia es real y me ocurrió hace un par de años, cuando tenía 16. Yo vivía en un pequeño pueblo, en el corazón de un bosque frondoso, con árboles altos y bellos que daban a todo el pueblo un aroma especial. El colegio estaba del otro lado del bosque y en los días lindos iba y volvía caminando por los senderos que atravesaban el bosque en todas direcciones. En la misma clase estaba Mónica, una hermosa chica que vivía no muy lejos de mi casa, del mismo lado del bosque. A veces nos encontrábamos y caminabamos juntos para ir o volver del colegio, hablábamos pavadas y yo estaba perdidamente enamorado de ella, pero nunca se lo revelé.
Mónica era una hermosa criatura, rubia, de cabello enrrulado, ojos verdes y un cuerpo que me provocaba erecciones con sólo verlo. Tetas no muy grandes pero paraditas con un par de pezones puntudos, estómago chato y un culito redondito y chiquito. Siempre trataba de volver con ella; a veces perdía tiempo si veía que Mónica se retrasaba o corría a pasos gigantes si ella salía antes del colegio y no me esperaba. Así fue ese día. Una profesora me retuvo hablando y Mónica se fue. Cuando salí, la vi alejarse por el sendero. Apuré el paso para alcanzarla, pero estaba bastante lejos. En un momento dado, Mónica abandonó el sendero y se internó en el bosque. Yo la seguí tratando de no hacer ruido para no ser descubierto. Cuando estaba ya lejos del sendero puso el portafolio en un árbol y, ante mi asombro, se levantó la pollera (falda), se sacó la bombacha (bragas)y en una posición semisentada se puso a orinar.
Era la primera vez que veía auna chica orinando tan cerca. Pude ver perfectamente su conchita, y en realidad era la primera vez que veía una vagina completamente en vivo y no en fotos de revistas. Cuando terminó de orinar, Mónica sacó del bolso un poco de papel higiénico y se secó ante mis ojos asombrados por el inesperado espectáculo que acababa de presenciar.
El corazón me latía enloquecido y, sin querer, me tropecé y Mónica me descubrió. Se puso colorada como un tomate y comenzó a llorar de vergüenza. Me acerqué y la abracé, prometiéndole que no le contaría nada a nadie, que esto sería nuestro secreto. Le di un besito en la mejilla y Mónica dejó de llorar, sacó otro poco de papel y se secó las lágrimas.
Ya más tranquila ella, nos sentamos en un árbol y me pidió que le jurara que no le contaría a nadie lo que había visto. Por supuesto, le prometí nuevamente que no lo haría. Mónica me dijo que haría cualquier cosa por mí si prometía cumplir con mi juramento. "¿Cualquier cosa?", le pregunté, y me contestó que sí. Tomé valor y le pedí volver a ver su conchita bien de cerca, ya que nunca había visto una a pocos centímetros. Se sonrrojó y me pidió tiempo hasta el día siguiente para pensarlo, pues era un pedido que la avergonzaba. Volvimos al sendero y caminamos en silencio hasta separarnos para ir a nuestras casas.

Me costó dormir esa noche pensando en la respuesta que me había dado Mónica, en el espectáculo que había visto en el bosque y, sobre todo, en lo que vería si Mónica aceptaba mi pedido.
A la mañana siguiente, al salir para el colegio, vi que Mónica esperaba en el sendero y corrí a su encuentro. Mónica decidió que, como mi pedido fue hecho sin presionarla , en forma dulce y no como un chantaje, aceptaba mi pedido. Caminamos juntos hasta el colegio y quedamos en encontrarnos a la salida en el mismo lugar, pero iríamos separados para no llamar la atención si alguien nos veía internarnos en el bosque.
Las horas de clase parecieron eternas y no paré de pensar en la conchita de Mónica en toda la mañana. Al tocar el timbre de salida, salí disparado al lugar del encuentro. Mónica tardó un poco en llegar y pensé que no iría, que se había arrepentido. Al llegar se disculpó pero las chicas la retuvieron para preguntarle algo y no pudo escaparse.
Ya solos en el bosque, me pidió que no hablara mucho pues se moría de vergüenza, pero una promesa era una promesa. Se bajó la bombacha y se levantó la pollera. Frente a mis ojos estaba la conchita de Mónica sólo para mí. Le pedí que me mostrara por dónde salía el pis, y me indicó con el dedo. Le pregunté si podía tocar los labios y separarlos para ver más adentro, y ella aceptó poniéndose colorada.
El contacto de mi mano en su conchita le produjo un escalofrío que le hizo temblar todo el cuerpo. Pero le gustó. Puse un dedo dentro y Mónica comenzó a jadear. Mónica jadeaba cada vez más. Yo casi había terminado de explorar el interior de su rosada conchita que cada vez se ponía más húmeda y caliente. Cuando saqué el dedo, para mi sorpresa Mónica me pidió que no lo hiciera y que le pusiera el dedo más profundo. La conchita de Mónica estaba chorreando jugos aromáticos y pegajosos y yo estaba enloquecido por la excitación. No sólo había visto una concha a centímetros de mis ojos sino que la estaba tocando a mi entero placer.
Al cabo de unos minutos de meter y sacar los dedos, Mónica pegó un gritito, se estremeció toda y tuvo un temblor descontrolado en todo el cuerpo. Saqué mis manos, pero Mónica me las metió de nuevo dentro de ella. Estaba completamente mojada. Respiraba agitada y entrecortadamente. Había tenido su primer orgasmo y era yo quien se lo había producido. Estaba feliz.
Cuando se calmó, nos besamos en la boca y aproveché para tocarle un poco las tetas, que estaban duras como piedras, y acariciarle el culo, que más de una noche había sido el motivo de mis masturbaciones. Mónica me dijo que había cumplido con creces mi pedido, pero que ella quería pedirme también algo. Se acercó a mi oido y, casi susurrando, me dijo que ella tampoco había visto nunca una pija (pene) de cerca y quería que se la mostrase. De más está decir que acepté de inmediato.
Me bajé los pantalones y los calzoncillos, y mi pija, que estaba parada y dura, quedó frente a sus ojos. Me la tocó, al principio con un poco de miedo, pero enseguida se aflojó y, acariciándomela arriba y abajo, me masturbó mientras me acariciaba los huevos. Al cabo de unos minutos acabé en sus manos con un chorro de leche caliente y espesa. Nos tiramos al piso acolchado por las hojas de los árboles. Abrazados, nos besamos apasionadamente un largo rato, mientras nuestras manos exploraban cada centímetro de nuestros cuerpos. En forma inevitable, mi verga caliente buscó la concha hirviente de Mónica, que no opuso ninguna resistencia. Y, lentamente, penetré su conchita virgen.
Ninguno de los dos tenía experiencia pero la naturaleza es sabia y las películas de la tele ayudaron. Mónica gemía y daba grititos, en su mezcla de dolor y placer, mientras mi verga entraba y salía de su concha empapada de jugos sin ninguna dificultad. Mónica tuvo su segundo orgasmo, fue espectcular, se le arqueó el cuerpo y temblaba como loca. Yo ya no me aguanté más y, cuando sentí que acababa, la saqué y los chorros de leche calentita cayeron sobre los pelos de la concha y sobre su estómago. Mónica mojó sus dedos en la leche que tenía sobre el cuerpo y la probó. Dijo que era rica y dulce.
Esa tarde perdimos juntos nuestra virginidad. Fue hermoso e inolvidable. Luego repetíamos la experiencia casi todos los días, entregándonos a un sinfín de actos sexuales que íbamos descubriendo poco a poco. Con el tiempo probamos de todo. Cogíamos y disfrutábamos el uno del otro sin límites.
Han pasado casi ocho años de esta historia. Hoy Mónica es mi esposa y, por supuesto, seguimos cogiendo sin perder oportunidad y en los lugares más insólitos, pero siempre el bosque fue y seguirá siendo nuestro lugar preferido, al cual tratamos de volver cada vez que podemos.








Un gran verano (Lupe 27)



Esta historia me sucedió este verano, y se convirtieron en las vacaciones más excitantes de mi vida. Yo los tres últimos años voy con mis amigos a un sitio de la costa, donde un amigo mío cuenta con un apartamento. En esa misma localidad mi primo y su mujer tienen un chalet. La mujer de mi primo, Lupe, pasa allí casi los dos meses de verano, mientras mi primo apenas va veinte días, ya que trabaja.
Lupe era una mujer espectacular a pesar de tener ya dos hijos, pero apenas cuenta con 27 años. Tiene unos pechos de la talla cien. Yo ya lo sabía, porque en agosto, algún día que van al pueblo, yo aprovecho cualquier oportunidad para robarla la ropa interior y masturbarme con ella. Esa practica la tengo ya desde hace muchos años.
Volviendo a la historia, este verano, yo me encontraba con mis amigos por el rastro que ponen los miércoles en la ciudad. Allí de repente me vino un niño pequeño agarrando de las piernas y cuando me gire era su hijo. Entonces apareció ella con su otra niña. Así empezamos a hablar que como me iban las vacaciones y todo eso. Ella me invitó a comer a su casa, y así iba a la playa privada que tenían la urbanización de 15 apartamentos donde vivían. Me dijo que allí hay unas extranjeras en tetas impresionantes.
Así que despidiéndome de mis amigos nos fuimos los dos niños, ella y yo. Pasamos desde las doce que llegamos hasta las tres en la playa, y efectivamente había un grupo de alemanas en top-less que eran impresionantes. A las tres fuimos a comer:
- Voy a mirar haber si hay algún bañador de Basilio para que te pongas, porque sino me llenas todo de agua y tierra, además así se te seca para la tarde. Mientras vete poniendo la mesa
- Vale
A los cinco minutos:
- Ven a mi habitación. No he encontrado bañadores pero hay algún calzoncillo así que ponte el que quieras
Entonces ella se quito la parte de arriba del bikini y estuvo andando por la habitación en busca de una camiseta. Yo al llevar bañador no podía disimular mi bulto. Ella se percato y siguió con lo suyo hasta que se puso la camiseta. Ella me dejo y yo me metí al baño que hay dentro de la habitación y empece a masturbarme como un loco. Yo notaba como si ella me estuviese espiando pero cuando termine y salí, ya con el calzón puesto, solo pude oírla alejándose por el pasillo.
La comida transcurrió normal, con los dos niños jugando. Después ella les acostó y me dijo que me sirviera un pacharán y a ella también. Ella llegó y empezamos a hablar de cosas triviales, hasta que me preguntó:
- ¿Qué tal de chicas estas vacaciones?
- Bueno lo justo, pero poca cosa
- Así que no has llegado a mayores
- Pues a mayores, lo que se dice mayores, no
- Tranquilo, todavía te quedan cuatro días, y quien sabe lo que puede pasar. Cuando menos te lo esperas, zas. Bueno, vamos a la playa, ahora no hay casi nadie y esta muy tranquilita.
Fuimos a su habitación, ella nada más llegar se quito la camiseta, tenía los pechos todavía sin cubrir, y abajo ya no llevaba el bikini, sino que llevaba una braguita. Me dijo que me diera prisa, pero yo estaba paralizado. Ella se quitó la braguita, quedándose completamente desnuda. Mi bulto no se podía disimular en los boxer. Empezó a ponerse la parte de arriba, y me pidió que se lo atará por la parte de atrás. Yo lo hice gustosamente. Pero después ella se giro y me dijo:
- Pero todavía así, anda toma el bañador y póntelo, que luego se despiertan los niños.
Me lo trajo y al ver mi bulto ella me apretó el bañador contra mis partes.
- Por lo que veo te has excitado conmigo
- Bueno, yo
- No pasa nada es normal, sé que todavía tengo un buen polvo
- Bueno, es que
- Si, que no has podido evitarlo. Como esta mañana ¿no?
- Cuando
- ¿Cómo que cuando? Cuando has ido a masturbarte al baño, que te he visto
- Bueno, yo
- Si no pasa nada. Venga te lo voy a poner yo
Ella todavía no se había puesto la parte de abajo del biquini y poniéndose de rodillas me bajo el calzón y dijo:
- Pues si que te he puesto cachondo
Al tiempo me dio un beso en la punta del capullo. Se puso en pie y se dirigía hasta la cama. Yo no pude evitarlo y la agarré por detrás y la empece a tocar la concha, que por cierto tenía húmeda. Primero empecé con un dedo, muy despacio, luego con dos, pero ella quería más y terminé metiendo cuatro. Ella disfrutaba mucho y yo estaba cumpliendo una de mis fantasías eróticas. Ella alcanzó el orgasmo. Pero se levantó y se dirigía hacia la puerta, yo la dije que no se podía ir, que ahora no. Pero ella solo puso el pestillo de la puerta. Vino muy rápido y se tuvo en la cama:
- Ven que vas a saber lo que es una buena cubana.
Yo me puse encima de ella de manera que me apretó mi polla entre sus dos enormes tetas. Nunca antes me habían hecho una cubana. Era algo fantástico que me hizo correr muy pronto, me corrí sobre su cara y sus tetas, ella lamía lo que había caído cerca de su boca y luego lamió lo que quedo en mi pene. Y siguió lamiéndomelo, metiéndosela hasta que sus labios chocaban contra mis testículos. Se notaba su habilidad subcionadora. Después de hacerme llegar al orgasmo me corrí dentro de su boca hasta que la dejé casi ahogándose y se la salía por los labios, pero después de tragárselo también se lamía los labios.
- Ahora te toca a ti comérmelo todo

Tumbándose en la cama me dejo toda su almeja abierta para que yo lo hiciera con la boca. Así fue, yo empece a lamérselo suavemente, y también lamía sus alrededores depilados. Después de un rato empece a introducir un dedo por su culo, ella de placer me agarro por la cabeza y me la apretó más contra su húmedo coño. No tardo en alcanzar el orgasmo mientras me tiraba aun más fuerte del pelo. Me dijo que la follará, que no podíamos descansar ya que los niños no tardarían en despertarse. Así fue, empece a introducir mi verga por su muy lubricada almeja, empezamos despacio, pero en seguida ella aceleró los movimientos. Era un desgaste inmenso, al igual que era un placer infinito. Lo hicimos durante un buen rato. Después llegaba la despedida:
- Ha sido algo increíble, he soñado muchas veces con esto
- Bueno, yo no lo esperaba, pero al verte empalmado y ver como te masturbabas en el baño, no te podía dejar marchar así.
- Muchas gracias, pero espero que no hagas esto muy a menudo, porque si no Luis no puede entrar por las puertas.
- De los siete años de casados solo lo he hecho un par de veces, de forma casual, pero lo de hoy ha sido fantástico. Pásate esta noche a eso de las doce haber si ya has recuperado fuerzas. Haré una cena especial.
Esa noche me pase por su casa sobre las doce y ella me abrió vestida solo con un tanga y un beso en la boca. Pasamos a su habitación, la mesa estaba llega de marisco. Me dijo que para cenar había que desnudarse. Yo enseguida me quede completamente desnudo. Me dijo que la cena la tenia congelada para cuando viniera su marido pero que este era un mejor momento. Empezamos a comer unas nécoras y unas cigalas. Cuando llegamos a los langostinos ella se puso uno sobre sus labios vaginales, yo fui a comerlo y empece también a comerla toda su concha. Me paro, me hizo poner en pie y después de echarme mayonesa por toda la polla comenzó a chuuparmela y a lamerla cuando iba a correrme me puso en dirección a su plato de langostinos y me corrí sobre sus langostinos. A continuación se echó mayonesa por todas sus tetas para que yo las chupara, a la vez la iba masturbado con dos dedos, una vez limpiada toda la mayonesa de sus pechos baje la cabeza para terminar el trabajo anterior hasta que ella alcanzo un sabroso orgasmo. Después me dijo que continuáramos cenando porque quería saborear todavía los langostinos. Ella comió sus langostinos impregnados por mi semen.
Después de la cena decidimos hacerlo en el agua del mar. Completamente desnudos salimos de casa y nos zambullimos en el agua. Yo nunca lo había hecho bajo el agua. Nos cubría por los pechos, y los de ella flotaban como dos boyas. Nos fundimos en un gran beso y nos sumergimos debajo del agua. Después de salir otra vez ella se volvió a sumergir para chupar mi verga debajo de agua pero enseguida tuvo que subir de nuevo. Agarrándola por las piernas la levante y me las puso por la espalda enrolladas mientras yo empece a penetrarla. Estuvimos haciéndolo mucho tiempo. El esfuerzo que yo realizaba era menor y la sensación era maravillosa. Cuando yo me corrí dijo que lo mejor era volver a casa porque podían vernos algún vecino.
En casa nos duchamos juntos fundidos en besos y mordisqueando sus enormes pezones. En la cama seguimos con los besos y las caricias. Empece a rozar con mi mano por su culo y ella dio un leve gemido que me incito a seguir acariciando esa zona, así que introduje un dedo por su culo, cuando iba a introducir el segundo ella me quito la mano y me empezó a lamer los dedos para que estuviesen más lubricados. Así que introduje los dos dedos humedecidos.
- Dame por detrás ya, que no aguanto más
No tarde ni un segundo el sacar los dedos y ella me empezó a lamer todo mi miembro y a escupirle para ponerse luego a 4 patas. Yo introduje mi polla y ella dio un grito de dolor pero a medida que yo aceleraba los movimientos ella cambio esos gritos de dolor por gritos de placer. A los cinco minutos yo descargue dentro de su culo. Después nos fundimos en un beso y me fui a duchar. Cuando regrese ella ya se había dormido. Yo también caí rendido a los cinco minutos. Nunca en un solo día había hecho tantas veces el amor, porque lo que hicimos es el amor
Hoy todavía nos solemos ver una o dos veces por semana en su casa, y lo convertimos en unos polvos fantásticos, siempre estamos innovando lugares, posturas y situaciones y resultan unos polvos inolvidables. Yo me encuentro loco porque lleguen esos días, estoy muy enamorado pero no se si es de ella o de los polvos que echamos. No se lo que durara esto, pero mientras ambos disfrutamos como locos.

lunes, 2 de marzo de 2009

Intercambio (Isabel y Silvia)

Esta historia ocurrió hace unos meses. Isabel y yo estábamos casados desde hacía 10 años y Mauricio y Silvia se habían casado hacía 4 años. Éramos tan amigos que mi esposa y yo habíamos sido padrinos en su matrimonio. Éramos realmente amigos, todos de todos. Acostumbrábamos pasar las vacaciones juntos, salíamos al cine, nos reuníamos en su casa o en la nuestra con frecuencia,... Siempre que estábamos los cuatro yo notaba que había algo especial en el ambiente, sobre todo en el último año. Mauricio e Isabel se abrazaban con frecuencia y Silvia y yo éramos menos directos pero nos cruzábamos miradas provocadoras. Yo la miraba como para comérmela, a lo cual ella respondía con una sonrisa entre tímida y de aceptación.
Un día fuimos a un hotel a pasar un fin de semana. Nos registramos en el hotel e inmediatamente nos dirigimos hacia la habitación que compartiríamos. Sólo de pensar que Silvia se colocaría una camiseta como la que le había visto en ocasiones anteriores ya me ponía caliente.
Ver ese cuerpo cubierto simplemente por una camiseta era escalofriante porque se le notaban las tetas como un par de volcanes y alcanzaba a marcar la forma de las bragas. Unas bragas pequeñas que hacían resaltar aún más su exuberante culo. También me excitaba que Isabel estuviera en ropa ligera en la misma habitación que mi amigo.
Llegamos a la habitación, nos instalamos y nos organizamos para bajar a la piscina. Entonces Isabel y Silvia entraron al cuarto de baño para colocarse el vestido de baño. Imaginarlas a las dos desnudas me excitaba. Cómo sería aquel par de conchas, esas tetas divinas, dos traseros inmejorables. Uauhhh! Salieron las mujeres del baño y sentí que todo me subía y me volvía a bajar. Dos hembras en bikini, que a duras penas les tapaba lo más íntimo de su coñito y su tetas. Isabel tenía una tanga que le dejaba ver el culo más espectacular que se puedan imaginar. Silvia tenía un bikini que le resaltaba el culo y las tetas. ¡Y qué tetas tenía Silvia! Mi verga se puso dura tan pronto vi esas dos esculturas.
Salimos hacia la piscina. Mauricio se lanzó directamente al agua mientras los demás nos colocábamos crema bronceadora. Isabel me pidió ayuda y, como siempre me ocurría, eso me excitó. La crema pasando por su piel me recordaba aquellas oportunidades cuando en la ducha le ayudaba a colocar el jabón para luego abrazarla y acariciarla, y terminar metiéndosela por detrás bajo el chorro de agua tibia.
De pronto Silvia me preguntó si le podía ayudar a colocar crema bronceadora en su espalda. Se acostó bocabajo sobre la esterilla y yo empecé a colocar crema sobre su espalda. Pasé mi mano húmeda sobre sus hombros y empecé a bajar por la espalda lentamente haciendo un masaje que ella aceptaba complacida. Seguí bajando y le coloqué más crema al final de la espalda, donde empieza el culo. Lentamente esparcía la crema mientras contemplaba su culo, cuando ella se bajó un poco el pantalón del bikini. Eso fue maravilloso. Alcanzaba a ver el comienzo de su trasero donde se dividía su hermoso culo. Me dijo que le colocara bronceador allí, a lo que obedecí inmediatamente. No podía dejar de admirar ese culo, ese hermoso culo. De pronto me dijo que por qué no le terminaba de colocar el bronceador más abajo. Le dije que encantado, que era un placer, a lo cual Isabel y Silvia rspondieron con una sonrisa de gusto y aceptación. Yo sentía que a Isabel le agradaba que yo acariciara a Silvia al colocarle el bronceador. Empecé a colocarle bonceador en las piernas desde abajo y luego fui subiendo lentamente. Mientras le colocaba el bronceador, la acariciaba y yo sentía que a ella le agradaba mucho porque a veces emitía unos suspiros de agrado y de calentura.
Cuando empecé a acercarme a su culo ella abrió las piernas para facilitarme la labor. Noté un olor agradable porque Silvia estaba mojada y expelía un olor exquisito. Le pedí que abriera un poco más las piernas, a lo que me contestó que sería un placer abrir las piernas para mí y se rió mientras se miraban y reían con Isabel. Isabel dijo que ella también abriría las piernas. Le contesté que con gusto pasaría donde ella en unos pocos minutos. Isabel dijo que me apresurara porque estaba apurada y le hacía falta un chorrito entre las piernas. Le contesté que pidiera ayuda a Mauricio, a lo cual contestó que sí con una sonrisa y una mirada complaciente de Silvia. Yo ya no podía de la calentura. Ya estaba claro que Isabel quería follar con Mauricio y que Silvia quería que yo la follara.
Así pasó la tarde, entre comentarios y chistes de doble sentido, hasta que llegó la noche. Después de cenar con un buen vino, nos dirigimos a la habitación. Nadie estaba cansado ni quería domir pero todos queríamos ir a la habitación. Ya todos sabíamos qué era lo que deseábamos.Allí, en la habitación, destapamos una botella de buen vino y nos sentamos a conversar. Todos estábamos calientes con lo que había pasado en la piscina y además el vino ayudaba.
Empezamos a hacer bromas sobre sexo y cada vez los comentarios eran más directos. Sugerí que por qué no apagábamos la luz y dejábamos una pequeñas velas, a lo cual todos asintieron. De pronto, Isabel y Silvia se dirigieron al cuarto de baño y dijeron que se iban a a colocar más cómodas. Al salir estaban con sus camisetas para dormir. ¡Qué maravilla de mujeres! Las dos tenían camisetas como las que habían usado tiempo atrás en otro viaje que hicimos juntos a Nueva York. A Silvia se le alcanzaba a ver el culo delicioso e Isabel tenía una camiseta igual. Se notaba que estaban sin sujetador y las tetas puntudas resaltaban en la camiseta. Yo quedé más recalentado de lo que estaba y Mauricio también porque se le notaba un bulto en la pantaloneta.
Isabel se sentó muy cerca de Mauricio. Mauricio le dijo que lo que dejaba ver la camiseta se veía muy bien y que cómo sería lo que no dejaba ver, por lo que ella preguntó si quería ver más. Subió un poco la camiseta dejando a la vista las bragas.
Entretanto Silvia se había acomodado a mi lado. Yo le dije que para lo que le tapaba esa camiseta era mejor quitársela. Ella respondió que si yo quería podía quitársela. Le quité la camiseta y quedó solamente en bragas. ¡Qué cuerpo tan delicioso! Unas tetas grandes, con unos pezones oscuros que estaban duros de la calentura.
Isabel también se desvistió dejando a Mauricio realmente impactado. Isabel tenía un cuerpo escultural. No era muy alta pero sí muy proporcionada. Ya no resistí y me lancé a besar las tetas de Silvia. Isabel se sentó sobre Mauricio y le pidió que le besara las tetas a ella también. Mientras besaba las tetas de Silvia, miraba cómo Mauricio besaba las de Isabel y eso me excitaba. De pronto, Isbael se bajó de Mauricio y le bajó la pantaloneta. Mauricio tenía una verga grande, roja de la calentura. Isabel empezó a darle besos en sus huevos. Sacaba la lengua y la pasaba por su verga desde la base hasta la punta. De pronto se la metió toda en la boca. Ver cómo Isabel se metía esa verga dentro de su boca era excitante.
Mientras tanto yo seguía besando las tetas de Silvia y acariciaba su coño por encima de las bragas. Estaba mojada. Sus líquidos habían empapado las bragas. Corrí las bragas y empecé a meter mi dedo en el coño de Silvia. La acariciaba y ella empezó a gemir. Se movía como una loca y me pedía que la acariciara más y más.
Mauirico le había quitado las bragas a Isabel y le estaba lamiendo la cuca. Isabel estaba caliente. Se le notaba la excitación. De pronto Isabel se volteó y Mauricio la clavó por detrás de un golpe. Ella gimió como una perra y empezó a gritar: "más .. más .. más duro que así me gusta más.. más .. por ahí, así, papito, así".
Silvia y yo nos sentamos uno al lado del otro y empezamos a masturbarnos mútuamente mientras veíamos a nuestros esposos hacer el amor. Era excitante estar con la esposa de mi mejor amigo mientras él se follaba a mi esposa. Silvia no resistía y se corrió. Pero yo seguí acariciándola.
Ahora Mauricio e Isabel habían cambiado de posición. Estaba Mauricio acostado sobre su espalda e Isabel se colocó encima de él. Lentamente se sentó sobre su verga. Silvia y yo veíamos cómo poco a poco la verga de Mauricio entraba en el coño de Isabel. Los líquidos de Isabel chorreaban por la verga de Mauricio.
Ya no aguanté más y le dije a Silvia que se sentara sobre mí dándome la espalda. Así yo la follaría mientras veíamos cómo nuestros esposos seguían follando. Estaba empapada realmente. Su coño goteaba y yo sentía las gotas de sus líquidos caer sobre mi verga. Al principio entró un poco y volvió a salir. Lo sentí en la punta de la verga y me recorrió un escalofrío que subió por todo mi cuerpo. Yo gemía del placer. Qué coño tan delicioso. Ese coñito lo había querido durante años y ahora mi verga estaba penetrándolo.
Silvia se colocó y, con fuerza, la penetré. Ella saltaba como si estuviera galopando a caballo. Clavada en mi verga, ella gritaba. Le gustaba y me pedía más y más y más mientras veíamos a nuestros esposos follando al frente nuestro.
Después quise probar su culo. No sabía si ella querría pero lo intenté. Le pedí que se colocara bocabajo pasando sus piernas sobre mis hombros mientras yo permanecía sentado. Ella accedió y empecé a besarle su coño. Sabía como el mejor de los manjares. Qué delicia, qué maravilla. Y claro, me quedó justo frente a mis ojos. Mientras le besaba el coño, le empecé a acariciar lentamente el culo. De pronto hice un poco de presión con mi dedo, a lo cual ella respondió con un gemido de agrado y placer y me pidió que siguiera. Entonces le metí el dedo. A ella le gustó mucho y le metí otro dedo. Con sus jugos le lubricaba el culo y eso facilitaba mi labor. Ella pedía más por lo que le dije que se sentara sobre mí. Suavemente empecé a meter mi falo es su ano. Cuando estaba más acomodada la empujé hacia abajo quedando clavada en mi verga. Al principio soltó un grito de dolor que inmediatamente se convirtió en placer.
Isabel, al ver que yo se la metía por el culo a Silvia, le pidió a Mauricio que le hiciera lo mismo. Yo siempre había querido hacérselo a Isabel por el culo pero solamente una vez había accedido. Pero ahora la calentura la llevó a pedir que se la metieran.
Mauricio se sentó en la silla de enfrente e Isabel se sentó sobre él, quien empezó a metérselo lentamente. Pero ella, que estaba muy arrecha, se sentó con fuerza. Al principio puso cara de dolor pero también su expresión cambió por placer. Se veía que le gustaba. Silvia y yo veíamos cómo Mauricio se lo metia por el culo a Isabel y eso nos calentaba más.
Los cuatro empezamos a movernos rápidamente. Silvia e Isabel parecían amazonas galopando sobre sus sementales. Comenzamos a gemir. Las dos gritaban que les diéramos más duro y más profundo. Le pregunté a Isabel si le gustaba y ella me contestó que le encantaba. Mauricio le preguntó a Silvia cómo le parecía y ella le contestó que estaba de maravilla.

Yo brincaba, le cogía las tetas a Silvia y veía cómo se le movían las tetas a Isabel. Mientras tanto, Silvia me acariciaba los huevos por debajo de ella y con la otra mano se masturbaba. Ella se corrió y casi simultáneamente me vine yo. Me corrí dentro de su culo. Pero fueron como dos o tres chorros, todavía quedaba algo. Entonces Silvia se levantó y colocó su cara cerca de mi verga. El cuarto y quinto chorro cayeron en su cara.
Isabel estaba lista. Se notó cuando se corrió, al igual que Mauricio. Ambos soltaron gritos de pasión y luego quedaron agotados.
Así fue esa noche de placer. Luego repetimos una sesión más. Agotados nos quedamos dormidos. Isabel durmió con Mauricio y Silvia conmigo. Así fue este intercambio de parejas con mi mejor amigo, que duró hasta tres días más.

martes, 24 de febrero de 2009

De viaje por Roma (Sara y yo 16 años)


Esta historia me sucedió en Junio del año pasado, durante el viaje de fin de curso, cuando tenía 16 años recién cumplidos. Nos alojábamos en un hotel, bastante malo, de Roma. Sara y yo siempre nos lo habíamos contado todo desde pequeñas, y desde que descubrimos el sexo más aún.
Estando una noche hablando en la habitación hasta muy tarde, se me ocurrió la idea de hacérnoslo entre las dos, nunca lo había hecho con una mujer, pero me excitaba probarlo. Se lo dije a Sara y ella se alegró bastante y me confesó que también lo había pensado.
Nos quitamos el pijama las dos y nos dimos un beso profundo y caliente, fui bajando pasando por sus pechos, que son bastante grandes, hasta llegar a su concha que estaba caliente y húmeda, siempre había deseado comerme una. Empecé la tarea intentando hacerlo como me lo habían hecho a mi, mientras que con la mano derecha me daba gusto a mi misma. Sara empezó a gemir, pero no en un tono demasiado alto, ya que estábamos junto a las habitaciones de otros compañeros del curso que seguramente estarían dormidos. La iba dando mordisquitos en el clítoris y parece ser que la volvía loca.
Pronto noté que iba a llegar al orgasmo, la verdad es que yo también estaba disfrutando como nunca. Cuando terminé con ella, intercambiamos posiciones y ella me empezó a comer el coño, mmmm, todavía recuerdo esas primeras lengüetadas, qué gusto, me lo estaban comiendo como nunca, estaba muy excitada y me vine pronto también. 

Esa noche no seguimos, ya que la noche anterior no habíamos dormido y queríamos descansar algo. Al día siguiente estuvimos hablando de lo que había ocurrido la noche anterior y se nos ocurrió que podíamos meter a algun tío en nuestra habitación. Conociéndolos bien, seguro que no rechazaban la propuesta.
Esa noche no pudo ser, ya que mucha gente no durmió y habría sido muy arriesgado meter a alguien y que nos descubrieran. Pero, el día siguiente las dos sabíamos que todo el mundo iba a estar cansado e iba a dormir, excepto nosotras...
Ese día nos fuimos en el autobús para Florencia y quedamos en elegir bien al tío, pero en una parada se nos ocurrió una idea mucho mejor, meternos a jugar a las cartas a la habitación de unos tíos y montar una orgía. Esa idea nos excitó muchísimo y nadie nos la podría haber quitado de la cabeza.
Al llegar al hotel quedamos con los tres tíos de la habitación de enfrente para ir a su habitación a las 2:30 de la mañana. No nos acostamos tarde ese día, eso era un punto a nuestro favor, ya que nos aseguraríamos de que nadie estuviera despierto.
Al llegar las dos y media fuimos a su habitación, los tres tíos se llamaban Javi, Carlos y Adrián, y les conocíamos desde bastante tiempo. Juntamos las camas sin hacer mucho ruido y empezamos a jugar a las cartas. Habíamos quedado en pedirles jugar al Strip Poker, pero nos tendrían que enseñar ya que ninguna sabía. Se lo propusimos y ellos, encantados, nos intentaron explicar, pero pensamos que seria mucho más fácil repartir las cartas y que la carta más baja pagara prenda.
No teníamos más que el pijama y la ropa interior, así que pronto nos fuimos quedando sin prendas. Sara fue la primera en quitarse el sujetador, los tres nos miraban con cara de que aquí se iba a montar algo gordo, por ahora nos estaba saliendo todo redondo. A los tres ya se les notaba la erección demasiado, aunque intentaban disimularla.
La ronda siguiente fue la definitiva, le toco quitarse prenda a Adrián que se quedó en pelota picada, tenía la verga erecta como un palo, ya no podía resistirme más, me acerqué a donde estaba, le agarre la polla y me la metí en la boca y empecé a sobarla, estaba bien caliente y me sabia divina.
Al poco tiempo observé como los otros dos habían cogido a Sara y la empezaban a sobar. Sabía que le quedaba poco a Adrián para correrse, me avisó y saco la polla de mi boca , lo que le salió fue algo espectacular, llego hasta la pared.
Entonces me cogí a Javi y me encontré con una verga enorme, esto me excitó tremendamente y me dio un subidón, empecé a hacerle una mamada a su polla grandiosa mientras que Adrián se colocaba y me empezaba a comer el coño, Sara por su parte se divertía con la polla de Carlos.
Estaba excitadísima y sabía que me iba a correr en cualquier momento, Javi me avisó que se corría, pero esta vez quería toda su leche para mí, saco la polla y me apunto de cerca a la boca, y una ráfaga de leche inundó mi boca y mi cara, mmmm, nunca me había sabido tan buena.
Ya no podía más y me corrí en la cara de Adrián que se lo estaba pasando de lo lindo con mi concha. Solo acababámos de empezar, me limpié la cara y le dije a Javi que quería que me penetrase, Javi se puso manos a la obra y me la metió lentamente en mi coñito que ya estaba muy bien lubricado, empezó a follarme poco a poco y fue subiendo el ritmo.
Carlos y Sara ya habían terminado y, viéndome a mi, la dio envidia y le dijo que la penetrara a ella también a la vez que se acercó a Adrián y se metio su verga en la boca y empezó a disfrutar por partida doble.
A mi me lo estaban haciendo como nunca, cambiamos de postura y me puse encima, empecé a pegar botes, teníamos que tener cuidado de no hacer mucho ruido, aunque estábamos subiendo el tono. Cambiamos de nuevo de posición y me puse a cuatro patas, esa era la posición en la que alcanzamos mayor placer y llegamos al orgasmo casi a la vez. Javi tuvo cuidado de sacar la verga a tiempo para evitar futuros problemas.
Este era el momento de cumplir una de mis mayores fantasías, nunca antes me habían cogido por detrás, y deseaba que me follaran por los dos lados a la vez, así que llamé a Adrián y me coloqué encima de Javi, dejando mi agujerito listo para la verga de Adrián, que no era tan grande como la de Javi. Empezó a lubricarme el ano y a meterme los dedos, hasta que mi agujerito se abrió lo suficiente para empezar a gozar. Me la metió poco a poco y empezó a sodomizarme, al principio me hacía daño, se mezclaba con el placer que sentía con la polla de Javi, poco a poco me fue dando más y más placer, le dije a Adrián que se corriera dentro, así lo hizo.
Paramos un momento y observamos a Carlos que había empezado a sodomizarla a ella también, en cuanto terminamos descansamos un poco y quede con Sara en disponer de los tres a la vez para cumplir una gran fantasía, y la prometí que luego ella los tendría a los tres si quería. Me puse encima de Carlos, y le pedí a Javi que era su turno de follarme por detrás, quería sentir su gran verga en mi agujerito que estaba más dilatado. Nos pusimos en posición y pedí a Adrián que me la metiera por la boca, esos fueron los mejores momentos de mi vida, sentía la verga en el ano y parecía que me iba a explotar, duramos un buen rato, pero no me pude contener y allí mismo tuve el orgasmo que más recordaré durante tiempo. Cuando ellos ya no podían más, nos quitamos de esa posición y les pedí que se corrieran en mí, así lo hicieron los tres.
Ahora le tocaba disfrutar a Sara. Me fui a lavarme un poco, pero me di prisa porque no me quería perder el espectáculo. A Sarita también le parecía excitante la idea de ser follada por detrás por una gran polla, así que se colocaron y empezó la acción. Yo intenté ayudar metiendome en donde podía, Sara debía de esta disfrutando como nunca, seguro. Estuvieron un buen rato así hasta que, agotados, se quitaron y Sara empezó a hacerle una cubana a Javi, mientras los otros dos se preparaban para correrse. El primero fue Javi, los otros dos se acercaron y yo me metí a comerme su concha húmeda y hacerla gozar con el último orgasmo de la noche. Se corrieron los tres a la vez.
Allí acabo nuestra triunfal orgía. Quedamos en repetirlo otra noche, pero nos fue imposible porque solo nos quedaban dos y casi nadie durmió. Pero quedamos en repetirlo algún día y no hablar de ello excepto entre nosotros. La verdad es que ahora mismo estoy rompiendo el pacto, aunque a Sara no le importaba que se publicara la historia. Todos los días que nos vemos a solas alguna menciona algo de aquella noche, que será imborrable de nuestras memorias.

 
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